Hay una cosa que pasa siempre cuando llevamos magia a un centro municipal de mayores: cuando acaba el pase, nadie se levanta. La sala se queda discutiendo cómo se ha hecho, alguien jura que lo ha visto todo y otro le lleva la contraria. Ese rato es el que de verdad justifica la actividad, y es del que se habla durante semanas.
Empieza igual que cualquier actividad: la gente se sienta, charla, alguien pregunta si va a durar mucho. Y a los dos minutos la sala está en silencio, que es algo que no pasa casi nunca.
Luego vienen las reacciones, y son mejores que en cualquier otro público. Se ríen fuerte, se dan codazos, señalan. Hay siempre alguien que no se calla y va comentando todo en voz alta para los de su mesa. Y hay siempre alguien que mira con los ojos muy abiertos y no dice nada en todo el pase.
Al terminar, la sala no se vacía. Se forman corrillos discutiendo cómo se ha hecho, uno defiende su teoría, otro dice que estaba mirando y no ha visto nada. Esa conversación continúa en la merienda del día siguiente y en la llamada del domingo con los hijos. Es, literalmente, una actividad de la que se habla durante semanas.
Y hay una cosa más, que cuesta poner por escrito sin que suene cursi: a estas edades casi nadie les sorprende ya. Les cuentan cosas, les explican cosas, les organizan cosas. Que alguien consiga dejarles sin palabras es un regalo poco común, y se nota en cómo lo agradecen al salir.
No es casualidad, y tiene tres razones muy concretas.
No les pide nada a cambio. Para disfrutar de un buen pase de magia no hay que saber nada, ni moverse de la silla, ni recordar lo de la semana pasada, ni seguir un argumento. Se entiende en el segundo uno y funciona igual si has llegado tarde. Eso elimina de golpe todas las razones por las que alguien decide quedarse en casa.
Participan sin exponerse. Elegir una carta o guardar algo en el bolsillo convierte a una persona en protagonista del número sin que tenga que levantarse ni ponerse delante de nadie. Es la forma de participación que más se disfruta y la que menos cuesta.
Es algo que no han visto. Y aquí está la clave de que llene: bingo, baile, charla y manualidades funcionan, por eso se repiten, pero la gente ya sabe lo que va a pasar y decide en casa si baja. Magia no la programa casi nadie. Por pura escasez, es el cartel que hace que la gente se levante del sofá.
Desde el punto de vista de quien tiene que montarlo, es de las actividades más agradecidas que existen:
Comparadlo con montar un concierto o una obra de teatro en el mismo espacio y la diferencia de trabajo es evidente.
Esto importa, aunque no se diga en voz alta. Una sesión de magia da fotos buenas: caras de sorpresa, gente riendo, manos levantadas. Y da participación real, porque la gente participa desde su silla, sin tener que salir a ningún sitio ni exponerse delante de nadie.
Es una actividad fácil de justificar y fácil de enseñar cuando toca rendir cuentas de la programación del trimestre.
No hay que inventar una fecha: ya la tenéis.
Y si el municipio tiene varios centros, se pueden encadenar varias sesiones el mismo día. Sale mucho mejor de precio que contratarlas sueltas y cubrís todos los centros a la vez.
Espectáculo en el salón de actos. El formato clásico para 40 o 100 personas sentadas. Es el que funciona en actos señalados y cuando va a estar la concejalía.
Magia de cerca, mesa a mesa. En centros más pequeños o durante la merienda. El mago pasa por las mesas y hace magia a treinta centímetros. Es el formato que más impacto deja, porque ver algo así de cerca no se olvida.
Sesión combinada con taller. Media hora de espectáculo y media de enseñar dos o tres juegos sencillos que puedan hacerle después a sus nietos. Es el formato que mejor funciona cuando buscáis que la actividad tenga continuidad.
Contadnos cuántas personas sois, cómo es la sala y qué franja horaria tenéis, y os pasamos un presupuesto cerrado en menos de 48 horas, con factura para el ayuntamiento. El pase se adapta al espacio y al grupo, no al revés.
¿Estáis montando la programación para mayores? Decidnos las fechas y os decimos disponibilidad en el momento.
Pedir presupuestoMejor. Con grupos de veinte o treinta personas el formato que recomendamos es la magia de cerca, mesa a mesa, que a esa distancia deja mucho más impacto que un espectáculo frontal. No hay un mínimo de asistentes para que la actividad tenga sentido.
Prácticamente nada. No hace falta escenario, ni tarima, ni oscurecer la sala. En salas de más de cuarenta personas viene bien el micrófono que ya tengáis, y poco más. El montaje y el desmontaje son cuestión de minutos.
Sí, y es lo que más recomendamos si tenéis más de uno. Encadenando varias sesiones el mismo día el precio por centro baja bastante respecto a contratarlas por separado, y cubrís toda la programación de una vez.
Un precio cerrado, factura para el ayuntamiento y una actividad que la gente comenta durante días. Pedidnos propuesta sin compromiso.
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